
ILUSIÓN
Gritó su nombre, pero ella no se volvió; siguió su camino, aunque otros viandantes sí giraron la cabeza sorprendidos por la exclamación. Entonces él corrió hasta alcanzarla, y cuando llegó a su altura, intentó asirla por un brazo, pero su mano no topó más que con un aire cálido, no sujetó más que el vacío, atravesó limpiamente la aparente figura que vagaba por la calle.
LA RISA
Había decidido morirse, pero una risa lo había salvado. Estaba intentando, con verdaderos esfuerzos, encaramarse a lo alto de la verja del viaducto de los suicidas, cuando oyó tras de sí la voz infantil, que decía: "¡Mira el hombre ese en postura tan tonta!". Y después las risas. También la suya.
Textos: Fernández Argüelles
Pequeña muestra, pocas palabras... regaladas en un pasado reciente.
